Cambio de estación: cómo reducir el riesgo de infecciones respiratorias


Con la llegada del otoño y del invierno, los resfriados, la gripe y otras infecciones respiratorias se vuelven más frecuentes. Pasamos más tiempo en espacios cerrados, el aire se vuelve más frío y seco y los virus circulan con mayor facilidad. Algunas medidas sencillas, aplicadas de forma constante, ayudan a reducir el riesgo para toda la familia.

Por qué aumentan las infecciones en esta época

Durante los meses fríos se suman varios factores. En casa, en el trabajo, en el colegio o en el transporte público, las personas están más cerca unas de otras y las ventanas permanecen cerradas, lo que facilita la transmisión de virus como los de la gripe, el resfriado común o el virus respiratorio sincitial. El aire frío y la calefacción tienden a resecar las mucosas de la nariz y la garganta, que actúan como una primera barrera de protección. Además, quienes ya tienen asma, rinitis alérgica o enfermedad pulmonar crónica pueden notar un empeoramiento de los síntomas con los cambios bruscos de temperatura.

Entre los problemas más habituales de esta época están el resfriado, la gripe, la sinusitis, la bronquitis, las otitis (sobre todo en niños) y las crisis de asma o de alergia.

Vacunación e higiene: la base de la prevención

La vacunación es una de las herramientas más eficaces para prevenir las formas graves de algunas infecciones respiratorias. La vacuna de la gripe se actualiza cada año y se recomienda especialmente a las personas mayores, las embarazadas, los enfermos crónicos y el personal sanitario. Conviene consultar con el médico de cabecera o el centro de salud qué vacunas están indicadas para cada miembro de la familia y mantener el calendario de vacunación al día.

La higiene de manos sigue siendo fundamental:

  • Lavarse las manos con agua y jabón durante 20 a 30 segundos, sobre todo antes de comer, después de usar el transporte público y después de sonarse la nariz.
  • Cuando no haya agua y jabón, usar un gel hidroalcohólico.
  • Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca.
  • Toser o estornudar en el codo o en un pañuelo desechable, y tirarlo de inmediato.

Hábitos en casa y en el día a día

  • Ventilar las estancias: abrir las ventanas durante 10 a 15 minutos, dos o tres veces al día, incluso en invierno, ayuda a renovar el aire y a reducir la concentración de virus.
  • Mantener una temperatura y humedad confortables: una temperatura interior de entre 18 y 21 °C es suficiente en la mayoría de los hogares. El exceso de calefacción reseca el ambiente; en estancias muy secas, un humidificador bien limpio puede ayudar.
  • Beber agua a lo largo del día: con el frío disminuye la sed, pero la hidratación sigue siendo importante para mantener húmedas las mucosas. El agua, las infusiones sin azúcar y las sopas cuentan para el total diario.
  • Respirar por la nariz: la nariz filtra, calienta y humedece el aire antes de que llegue a los pulmones. Los lavados nasales con suero fisiológico pueden aliviar las molestias cuando la nariz está seca o congestionada.
  • Abrigarse por capas: facilita la adaptación a las diferencias de temperatura entre el exterior y los espacios con calefacción.
  • Evitar el humo del tabaco: fumar o exponerse al humo irrita las vías respiratorias y aumenta el riesgo de infecciones y complicaciones.

Alimentación, descanso y actividad física

Ningún alimento por sí solo impide una infección, pero un organismo bien nutrido y descansado responde mejor. Una alimentación variada, con fruta y verdura todos los días (por ejemplo, cítricos, kiwi, brócoli, col y pimiento, ricos en vitamina C), legumbres, cereales integrales, pescado y frutos secos, aporta los nutrientes que necesita el sistema inmunitario. Dormir de 7 a 9 horas cada noche en el caso de los adultos y mantener una actividad física regular, aunque sea un paseo de 30 minutos, también contribuyen al bienestar general.

Cuándo quedarse en casa y cuándo pedir ayuda

Quien esté enfermo debería, siempre que sea posible, quedarse en casa, reducir el contacto con otras personas, sobre todo con bebés, mayores y personas con enfermedades crónicas, y usar mascarilla si tiene que salir o está con personas vulnerables. La mayoría de los resfriados se resuelven en pocos días con reposo e hidratación.

Es importante pedir consejo médico, por ejemplo a través del teléfono de atención sanitaria o del médico de cabecera, ante señales como:

  • Dificultad para respirar o sensación de falta de aire.
  • Fiebre alta o que dura más de tres días.
  • Dolor en el pecho, decaimiento intenso o confusión.
  • Empeoramiento después de una mejoría inicial.
  • En bebés, rechazo del alimento o respiración acelerada.

En resumen

En el cambio de estación, la prevención de las infecciones respiratorias se basa en hábitos sencillos: vacunación según las recomendaciones, higiene de manos, cubrirse al toser y estornudar, ventilar las estancias, buena hidratación, alimentación variada, descanso suficiente y evitar el humo del tabaco. Quedarse en casa cuando se está enfermo protege a los demás. Este artículo es informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario.

[id de productos="livro_respiratorio"]